Feminismo

La violencia económica que ejercen los maridos en el matrimonio

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Por Lucía Munguía

Hace unos días mi pareja  estaba lavando los platos cuando intentó iniciar una conversación (la cual interrumpí y nunca supe a qué se refería): – ¿Sabes que se va a caer?  – El patriarcado. Me apuré a decir.

Los últimos días he tenido reuniones con amigas de distintas edades y distintos estados civiles, y entre las pláticas triviales del clima o las redes sociales han surgido otras más serias como la política y el feminismo, y entre que chisme, queja y detección de fenómeno socio-cultural, se hizo presente el tema de lo económico dentro de la estructura familiar.

Una de mis amigas, la cual tiene algunos años de casada y con hijos adolescentes, comentaba que los primeros años de vida en pareja, tiempo en el que ella no trabajó fuera de casa, nunca supo lo que era pagar agua, luz, teléfono, Internet, etc. El único dinero que llegaba a tocar era lo que el marido le daba para las compras del súper, o lo que ella le pidiera para alguna compra definida. Las ocasiones en que ella le llegaba a comentar al esposo que le diera dinero, que no se le podía antojar ni una Coca Cola porque no tenía para comprarla, el hombre le decía que le dijera lo que iba a comprar y que él le daría; y si lo hacía pero le daba exactamente lo que costaba lo que le estaba pidiendo.

violencia económica matrimonio

El trabajo doméstico TAMBIÉN es trabajo, y por lo tanto merece remuneración.

Otra amiga comentaba que como ella tenía carrera y el esposo no, ella ganaba mejor que él y trabajaba menos horas; por lo que ella tenía que hacer doble jornada mientras que el esposo le daba todo lo que ganaba de uno de sus dos empleos, mientras que el otro sueldo se lo quedaba para gastos personales. Y además, jamás movía un dedo en la casa.

Otra amiga que trabaja, comentó que ella gana su dinero y su pareja gana el suyo;  ninguno de los dos sabe a ciencia cierta lo que gana el otro, son una pareja sin hijos y sin casa propia, por el momento rentan. Dice que ella paga unas cosas y él paga otras cosas; cuando se trata de comprar algo, cooperan entre los dos. Sin embargo, ella cree que hay ocasiones en las que él gana más dinero pero se lo oculta.

La lucha de poder es principalmente una lucha de clases que se reduce, parafraseando sin rebuscamiento a Foucault, a burgueses y proletarios. Sin embargo, en este momento histórico podemos identificar que la mujer es otra clase social que es oprimida por el hecho de ser mujer y que desde siglos atrás ha mantenido una lucha contra el patriarcado capitalista por la adquisición de empoderamiento.

Me llama la atención como los hombres casados, “juntados” o en una relación de pareja, se sienten los únicos dueños de sus salarios y bienes. Acá estoy mencionando unos ejemplos pero seguro hay miles de variables: parejas con casas propias, casas rentadas, casas prestadas, hijos, 1 hijo, sin hijos, muchos hijos, mujeres que trabajan, mujeres que no trabajan, mujeres que trabajan medios turnos, mujeres que tienen más de un trabajo.

En todos los casos son mujeres que limpian, lavan, hacen comida, se encargan de los hijos (cuando hay) se encargan del marido, de la casa y de cualquier asunto doméstico. Mientras que los esposos solamente salen a trabajar.

Hay hombres que a veces lavan trastes, limpian y cuidan a sus hijos pero en ningún caso es todo el tiempo ni es siempre y además cuando lo hacen sienten que son héroes sin capas; sin embargo el tema del dinero es punto y aparte, todos creen que quien sale a trabajar y obtiene el dinero es el dueño.

¿Qué dice la Ley del onvre?

violencia doméstica en el matrimonio

Si se parte del hecho de que el matrimonio es una sociedad conyugal en la que cada parte aporta lo que tiene y desempeña una función, es lógico decir que el fruto de esa sociedad pertenece a los dos en partes iguales.

Pero no me voy a conformar con lo obvio porque a los hombres les gustan las leyes, por eso las inventaron. Les comento que al hacer una lectura positiva del  Código Civil Federal he encontrado primero que muchos de los artículos toman en cuenta la desigualdad que las mujeres vivimos en la vida conyugal,pero también en la laboral y que de cierta forma están diseñados para prever las contingencias que se puedan dar al mantener el hombre un estatus de proveedor y la mujer uno de doméstica que no aporta nada relevante a la economía familiar (visión de macho misógino porque hay que ser bien retrógrada para pensar algo así).

Es así como en los primeros artículos de la Ley de Matrimonio Civil dice que al casarte bajo la sociedad conyugal la pareja tienen el derecho y obligación de presentar lo que posee y que a partir de ahí todo lo que tienen  y todo lo que adquieran en el futuro es de la pareja en partes iguales, incluso si uno aportó más y otro menos o si no aportó nada. Más adelante dice que en todo lo que tiene que ver con la casa, el trabajo y los cuidados se deber de repartir en partes iguales o se tienen que tomar acuerdos, pero que cuando se decida que uno va a salir a trabajar y el otro no y por lo tanto no tuviera recursos propios (o sea que no esté ganando su propio dinero de un trabajo fuera de casa) el otro atenderá íntegramente sus  gastos.

De igual forma dice que los derechos que nacen dentro de esa sociedad conyugal, independientemente de la aportación económica para el hogar, será la misma la de los dos, pues esta es una forma de darle relevancia a la las labores domésticas y quien trae el dinero a la casa no es quien va a tener más derechos sobre el o sobre cualquier otra cuestión que se presentara. En varios artículos se hace hincapié en que los dos tienen los mismos derechos sobre todo, en lo económico, bienes, decisiones, etc.

Por último quiero comentarles que en los artículos que hablan sobre el divorcio hay uno que es muy importante y que no hay que olvidar, pues habla de que al momento del divorcio la mujer tiene derecho a un pago por el tiempo que estuvo casada pues es muy común que durante ese tiempo las mujeres tienden a no tener empleos fuera de casa, o tenerlos de medios tiempos para dedicarlos al hogar y a la familia.  Este pago serviría de compensación.

No son estas tristes reflexiones de una feminazi que odia a los hombres (bueno a unos sí los odio, pero son poquitos) si no leyes expuestas de lo que dice en el CÓDIGO CIVIL FEDERAL, los señores deberían de hacer cosas en sus casas, no tienen la última palabra en nada, no son los que mandan y el dinero no es de ellos porque salen a trabajar fuera.

Amiga date cuenta, esto sí te lo digo para que te enojes, por si lo que te cuento suma en algo a la lucha.

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