Ciencia y tecnología

Inventora del Liquid Paper demuestra cómo corregir errores

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El New York Times trabaja en un proyecto llamado Overlook, un trabajo periodístico que busca destacar la vida de aquellas personalidades que hicieron grandes aportes pero que fueron ignoradas al fallecer por la prensa. Entre ellas está Bette Nesmith Graham, la inventora del Liquid Paper.

Su aporte es relevante por aligerar el trabajo de secretarias, escritores y estudiantes en todo el mundo con el uso del corrector líquido, pero también por ser una historia de éxito en una época en la que los hombres dominaban el mercado (cosa que todavía sucede).

Bette Nesmith Graham se dedicó a experimentar con mezclas en la licuadora de su casa, para después verterlas en frascos de de esmaltes para uñas, llevarlas a su oficina y usarlas.

De inicio nunca le contó a nadie, pero con el tiempo su producto se utilizaba en muchas oficinas. Hoy lo conocemos internacionalmente: Liquid Paper.

El New York Times afirma que “Graham lo llevó al mercado y, hacia el final de su vida, ya dirigía un negocio internacional desde Dallas que en su apogeo generaba 25 millones de botellas anualmente, con fábricas en Toronto y Bruselas. Vendió la empresa por 47,5 millones de dólares y donó millones a organizaciones benéficas”.

Liquid Paper: la historia

Graham era una mujer divorciada y madre soltera. Ella y su hijo dependían de su pago de 300 dólares mensuales como secretaria de un banco en Texas. Para colmo, pero por ventaja del destino, era mala mecanógrafa y cuando intentaba utilizar borrador el carbón se corría.

Al ser también una artista, observó que los pintores cubren sus errores sin borrar su trabajo, sino pintando sobre él. Y eso fue lo que aplicó.

Cuando comenzó a utilizar en  secreto la mezcla blanca que creo, se dio cuenta de que era eficaz y pronto sus compañeras querían su propio suministro de pintura. Ahí fue cuando inició su negocio.

Abandonó la escuela a los 17 años para convertirse en secretaria y, dos años más tarde, se casó con su novio de la preparatoria, Warren Nesmith. Cuando Nesmith partió para luchar en la Segunda Guerra Mundial, Bette estaba embarazada. Se divorciaron poco después del regreso de su esposo, en 1946. (New York Times)

Como muchas mujeres y madres solteras, Graham tenía problemas económicos de inicio y realizaba trabajos extras que iban desde pintar ventanas de los bancos y diseñar membretes hasta modelar pies.

Los obstáculos en su camino por formalizar su negocio fueron bastantes, al principio no tenía para pagar los derechos de la propiedad y además requirió de la intervención de profesionales para mejorar su producto.

Tras recorrer un difícil camino, Graham formó su empresa, que de inicio se llamaba The Mistake Out Company y posteriormente Liquid Paper Company. Al hacer eso la despidieron de su empleo formal pero así pudo dedicarse de tiempo completo para lo que solía ser una pequeña empresa.

Graham se sintió desilusionada muchas veces, pero al final lo logró. Su producto comenzó a cobrar popularidad y con cada avance necesitó de más empleados y mayor espacio.

Su empatía no sólo la llevó a sacar adelante a su hijo, cuando tuvo éxito financiero inició dos fundaciones:

la Fundación Gihon y la Fundación Bette Clair McMurray, que ofrecían becas y apoyos financieros con el fin de promover a las mujeres en las artes y los negocios, respectivamente.

Un camino de errores corregidos

En 1962, Graham se casó con un vendedor de alimentos congelados, Robert Graham, quien adoptó un papel activo en la empresa, incluyendo un puesto en el consejo. En 1975 tuvieron un amargo divorcio.

La amargura continuó y Robert Graham organizó a un grupo de ejecutivos para excluirla de todas las decisiones de la empresa.

“No me permitían entrar a las instalaciones ni a nadie que tuviera relación conmigo”, comentó Bette Graham. Para colmo, intentaron cambiar la composición del Liquid Paper para poder quitarle los derechos a las regalías de la fórmula que había creado en su cocina.

En medio de esa lucha de poder, y a pesar de su deteriorada salud, Graham logró mantener el control de la empresa y concertar su venta a Gillette por 47,5 millones de dólares en un acuerdo que le devolvía las regalías. Falleció seis meses más tarde, el 12 de mayo de 1980 a causa de complicaciones por una embolia. Tenía 56 años.

Heredó su fortuna a su hijo, quien se hizo cargo de las fundaciones y continuó dando apoyos económicos a mujeres que luchaban por salir adelante.

“La mayoría de los hombres son ignorantes. En realidad no comprenden”, dijo en 1977 en una entrevista para Business Archives Project. “Así que las mujeres deben ser fieles a su determinación e incansables. No debemos rendirnos”.


Nota de The New York Times.

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